No me lo tomen a mal. Claro que me gusta
que sean tiernos. Siendo yo la reina de las consentidas, -
sin ser tonta, aclaro!- Disfruto de sus tiernos mimos y
atenciones.
Pero, que bendita manía tienen los
hombres que pasado un tiempo, cambian su forma de mirarnos, y lo peor! De
hablarnos. Y pasamos a tener, en vez de un hombre varonil, atractivo, a un
remedo de bebé, grandote y además peludo.
Aclaremos: Yo puedo terminar aceptando miraditas
de cordero, - Pero sin exagerar! En lo que jamás, - óigase bien, Jamás! - me
podré transar, es en el tema de su voz.
-Pásame la sal! puede abrir muchas
puertas, si se mantiene el tono original, y acompañado de una mirada varonil,
serena, contraria a de cordero, ni hablar!
Resumiendo: A mi hacen el favor y me
mantienen el vozarrón.
Acabo de conocerte, me gusta como escribes. Seguiré pasando a leerte.
ResponderEliminarUn abrazo,
Granada