lunes, 6 de mayo de 2013

Féminos


De un tiempo para acá, mis grandes pies, han decidido caminar y moverse por mi, al punto de inmiscuirme en ambientes y situaciones de los que antes habría permanecido a metros.

Como resultado lógico, me dejan mal parada en conversaciones que lejos estoy de poder manejar, mientras soy testigo de cómo mi torpeza en palabras contrasta con la cadencia fémina y pegajosa de mi andar.

Mientras guardo silencio, veo como, dominadas por el movimiento de mis pies,  mis largas piernas toman protagonismo. Hábilmente se mueven cual pasarela, se cruzan y descruzan, mientras las miradas locuaces me siguen, y una que otra mano se estira. Muda y presa del pánico, aunque curiosa, hundo el mentón en mi pecho, mientras escondo mi mirada y nariz tras mi larga cabellera.

El domingo traté de descuajarlos mientras dormían, pero los muy hábiles, con mi solo roce, se defendieron a punta de cosquillas, haciéndome olvidar mi objetivo, mientras en medio de carcajadas me retorcí hasta caer fundida.

A merced de mis pies se me van los días.

No hay comentarios:

Publicar un comentario