Misiva
(...) Cuando salías de su casa siempre tenía el hábito sublime de decirte adiós desde una pequeña ventana, con su sólida mirada y sus imperturbables manos, ahora la ventana es más grande, pues siempre que mires al cielo - así este lloviendo - ella seguirá ahí, ya no despidiéndote sino acompañándote eternamente.
Hong Kong
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