viernes, 30 de marzo de 2012

Milton el terapista - Capítulo 3

Entra ella y lo observa, enorme él, sentado en su diminuta silla, rodeado de ese olor a humedad pegajoso, que se le cuelga a la ropa, que se impone. Es su ego tan grande, tan inflado, que camina ella con pasitos cortos casi pegada a las paredes, para no pisotearlo. Porque de hacerlo preferiría que no fuera por un descuido, sino un severo pisotón con tacón puntilla, para ver si de una buena vez se le pincha y verlo así salir disparado por el aire sin control, haciendo ese ruidito tan simpático que hacen los globos de aire de fiesta cuando al inflarlos se nos escapan de las manos.
Finalmente, a paso de hormiga alcanza su silla de loca y se acomoda. -¿Qué enfermedad tan estúpida pero profunda tengo yo que sigo viniendo a ver a este desadaptado?- se pregunta. Cinismo, claro, pero acompañado de una patología que aún no logra identificar. -Pero bueno, a lo que vinimos, a divertirnos con este baboso-.
La mira él con ojos disfrazados de bienvenida -¿Cómo estás?- En ese instante respira ella profundamente, y con un ligero temblor de tripas, siente que se encarama en el escenario, y dice: -rara la verdad-. Mientras siente como su yo más animal, recostado extiende sus patas, mirando con sarna como corre por el agua quieta la carnada amarrada de su imperceptible hilo. Pica, pica, pica, pica, repite mentalmente.
Milton se levanta de su sillita y con movimientos de héroe mitológico camina hacia la ventana.
-Pica, pica, pica, pica! -
De espaldas a ella, obviando el tremendo adefesio arquitectónico construido en los 70 que tiene por vista, ajusta la expresión de su cara como si estuviera mirando al infinito y le dice –lo intuía desde antes de que llegaras, es más, a mi consultorio primero entro tu energía enrarecida, y al rato tu. Definitivo, lo intuía-.
Sentada en su silla, todo su cuerpo se electriza. Picó!!!!!!!
Continuará…

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