De
frente a mi tengo un muro de ladrillo rojo. Cuando recibe la luz del sol,
adquiere una apariencia interesante. Sus imperfecciones toman relevancia y
hablan para contarme que antes que preferir fundirse con al oscuridad, lo que
les gusta es brillar, resaltar, ser vistas. Son ellas las que hacen de este
muro lo que es, - no cualquier muro-. Lleva años, resistiendo, sosteniendo,
protegiendo, expandiéndose y contrayéndose de calor y frio, bebiendo, casi
hasta ahogarse, el agua que generosa le brinda la lluvia.
El
este ahí, y es cada vez mas hermoso, cada vez mas sabio, cada vez mas sólido. Eso
me dicen. Yo lo veo desde mi ventana, no me queda de otra, pues bloquea la
vista desde mi sala. Creo que en realidad es solo un muro como cualquier otro, más
que insignificante, común.
- No
puede ser, otra vez esta subiendo la cortina. Es mejor cuando la deja cerrada,
así no tenemos que verla. Será que no tiene nada mejor que hacer que caminar en
círculos por esa casa. Esperemos que no abra la ventana para hablarnos. Puede
alguien tener una existencia más monótona y vacía que esa señora?
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