Escabulléndose de la sala de espera en donde tienen a los menores
reunidos, entra sigilosamente en la habitación y metiendo la cabeza entre el
tumulto de adultos que rodea la cama, logra ver el desorden de tubos y
aparatos. Pegada a ellos, aun respira.
Inmóviles observan que el ritmo con el que se mueve el respirador
es cada vez más lento. El silencio se rompe con la voz infantil...
¿Sufre?
- No.
¿Sufrió?
- Mucho.
Sufrimos?
- Por momentos
Sufriremos?
- No hay duda.
Dejaremos de sufrir?
- Ciertamente.
El respirador se detiene. Los adultos, en silencio, algunos
agarrados de gancho, luchan por contener el dolor. Los sollozos ahogados se
detienen al tiempo cuando el niño, saltando sobre la cama y acomodándose
suavemente a su lado, le dice sonriendo: Disfruta!
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