miércoles, 25 de septiembre de 2013

Calidez


Entró por la puerta, y en medio del desorden, intentando ayudar, se inclinó sobre la caja que yo, acurrucada, estaba empeñada en desocupar, de tal modo que sus manos quedaron a la altura de mi cara. Solo centímetros me separaban de ellas.

Mis ojos, extasiados,  revisaron milimétricamente el movimiento de cada dedo, el color, la forma de las uñas, el ritmo y forma particular en que se movían. Por segundos me dejé llevar y sentí que casi podía tocarla,  que dejaba de ser un dulce recuerdo, para convertirse en tangible realidad. Sólo milímetros parecían separarme de las cálidas y amorosas manos de mi mamá.

La voz de mi tía preguntando en dónde ponía las copas que ahora apretaba con cuidado deshizo el hechizo.

Aun conmovida por el juego de mi imaginación, sonreí recordando las miles de situaciones graciosas de las que fui testigo debido al gran parecido físico que tenían.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario