sábado, 11 de mayo de 2013

Sobre la miopía


Margarita: No puede ser! A ver, ¿qué hay debajo de la palmera?
Maribel: Depende, con el ojo bueno veo una manchita amarilla, y con el miope casi que ni palmera.
Margarita: Y eso de la miopía, ¿de verdad te viene y te va? ¿En un solo ojo? ¿Eso es normal?
Maribel: Tal parece! El médico me dijo que después de cierta edad, todo es posible.
Margarita: Bueno tiene razón, a nuestra edad, cualquier cosa se puede esperar de nosotras. Ja! Espera a que te cuente Nicolás, que hace una semana me le puse…
Maribel: Cierra esa boca y mas bien anota ahí, de reyes comprar a Maribel un monóculo, ya sabes, de esos finos hechos a la medida. Aunque confieso que me encanta lidiar a palo seco estos ataques sorpresivos de miopía. Imagina Marga que caminas por la calle y puedes ver todo, al segundo, desde diferentes perspectivas. La miope te deja espacio para la imaginación. Sin certeza, bienvenida la interpretación. Ya nada es lo que es, sino lo que tu quieres que sea, la caneca un perro, la hilera de carros un luminoso tren, y hasta tu novio Nicolás, un hombre apuesto.
Margarita: Jo, Jo, tan graciosa.
Maribel: Es verdad, tengo una amiga que una vez confundió a su gato con un saco tirado sobre el sillón. A propósito, que diablos hace Nicolás que se demora tanto?
Margarita: El trabajo! Atendiendo una conferencia telefónica importantísima.
Maribel: Aja! a las diez, la noche de su cumpleaños. Curioso. Pero bueno, sigo.  De otra parte, el ojo certero, le cierra el camino al juego, dejándonos indefensos a los pies de la realidad.
Margarita: Mi pobre Maribel. –Salud! Ojalá este ataque de miopía sea pasajero, como los otros. Yo por fortuna siempre he visto perfectamente. Cada año que me examino, 20/20.
Maribel: Afortunada tú. – Salud! -Y Nicolás?
Margarita: Me puso un chat, la conferencia se alargó.

1 comentario:

  1. "Mirar un rostro tal como es. Imposible, si una de mis miradas se ausenta en el mismo instante en que miro con excesiva intensidad. Dicho sea de otro modo: Como si mis ojos fuesen enemigos decididos a interferirse: el ojo ausente deforma y transforma lo que va recogiendo el fiel testigo, el ojo presente.
    El huidizo no solicita de la realidad más que un punto negro, un punto de partida desde donde proyectarse hacia no sé qué lejanía indecible en donde remendar con lo apenas entrevisto el perpetuo agujero de la ausencia. El otro ojo, por lo contrario, mira de una manera abrumadamente justa. Mas en vano solicita mi asistencia, pues mi favorito sigue siendo el ojo que invita a irse lejos de la mirada, lejos de lo mirado." - Alejandra Pizarnik, Diarios - 24 de abril.

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