MARGARITA: No no no, Maribel, que ese
cuento tan …. es que no tengo palabras. A ver si entendí bien. Te levantaste,
brillaste tu armadura – que Dios sabe porque sigues usando- a empujones te
metiste en ella, y no obstante lo que pesa y que además chirrea, te subiste en
tus tacos, hasta le diste un toque femenino al esperpento ese, antes de salir
de tu casa agarraste la mochila esa que cargas llenas de discursos
emancipadores, corriste por toda la ciudad, hablaste con mil personajes con tu
tono de voz profesional – ya sabemos que tu voz real es mil veces mejor, pero
bueno - lanzaste como loca consignas por
doquier dejando claro hasta al celador que no necesitas de nada ni de nadie –
si como no- .
Y en medio de este escenario repetido día
tras día, aparece un lánguido Romeo, que dizque habla súper chévere de
historias antiguas, y sella sus noches corticas, con besitos corticos, esos de boca
flojita.
MARIBEL: Bueno, pero de verdad las
historias eran buenas, te lo juro.
MARGARITA: Ni me sigas contado, porque
muy clarito te voy a explicar lo que te esta pasando. Terca como eres de
empeñarte en andar por la vida metida en una armadura, pues querida, ya se que
eres muy atlética, pero el peso de tanto fierro está haciendo mella, y estas
llegando al punto en el que, por puro agotamiento, sudorosa finges sonrisas, se
te traspapelan los discursos, se te olvida decir lo que piensas, carajo! Se te
nubla el pensamiento.
Y así querida amiga, cualquier lánguido
Romeo, te juro que parece un regio caballero.
Así que repite conmigo, …. Voy a botar a
la basura mi tonta armadura.
MARIBEL: Ay Marga, pero…
MARGARITA: Nada de peros, repitiendo ya…
MARIBEL: Voy a botar……a la basura……mi
armadura
MARGARITA: tonta armadura!
MARIBEL: ….mi tonta armadura.
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