La misma que hace poco más de dos años, allá en la ciudad de piedra, suplicaba al universo capacidad para entender, camina hoy de aquí para allá, sin importarle mucho si entiende o no.
Paso de razonarlo todo, a sentirlo todo. Desearlo, soñarlo, creerlo todo. A tener fe. ¿En qué? En que todo es posible. Así de sencillo.
No hay tiempo para detenerse y pensar, solo para actuar, de la mano de la suavidad y ternura, impulsada por su renovado fuego.
El inmenso mar, calmo pero vivo, le confirma su certeza. Mañana ella le entregará los jirones de miedo que aun le cuelgan, mientras el la inundará con vida.

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