Su presencia alborota mis mariposas
y cuando menos lo pienso
tendida estoy sobre un suave verde
que cosquillea mi cuello.
Cual Gulliver en su fase gigante
siento que la redondez de la tierra
vuelve curva mi espalda,
y allí, tumbada boca arriba
entre las mariposas que aletean,
más allá del azul del cielo,
logro ver planetas y soles de colores
y me fundo con el universo.
Eso, es paz!

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