martes, 14 de febrero de 2012

Milton el terapista - Capítulo 2

Las llaves, las llaves, dónde metí las llaves?, como detesto el ser tan cabeza volada, si no tengo las cosas en la mano, es como si no existieran para mí. ¿Acto fallido? desliz freudiano según el cual mi inconsciente grita que... no debo abrir puertas? cerrarlas? que le tengo miedo al futuro? que necesito que alguien me gobierne? - eso sin duda!
Odio estar parado en este frio! Llaves a mí! – a ver si esto de la metafísica práctica funciona. Debería, yo que nunca pido nada, además es una petición mínima al gran universo- llaves a mí! A mí!!! Joder, y ahí preciso viene Juan, el baboso. -llaves a mí!! Que quiero abrir esta maldita…  Epa Miltón!, madrugador de media mañana?- … puerta.
Tus parámetros hablando, seguro, yo aquí cerrando mi consultorio, estoy molido, ya sabes, prefiero trabajar en mi libro de noche, así que a darme una ducha rápida para despabilarme y volver al fuerte.
Seguro!, se me olvidaba que eres ave nocturna, claro, las aguas de tu enorme lado femenino seguro se afectan, este… motivan con eso de la luna no?
Tu lo has dicho -aguas las que escupes cada vez que hablas, babitas- por eso es que atiendo solo mujeres. Nos conectamos con mirarnos –púdrete solterón- Encantado de seguir hablando contigo y ponernos al día, pero tengo que volar, ya sabes, arranco consulta en un ya.
A ver qué opinan Lacan o el mismísimo Freud del puñetazo reprimido que cargo en este instante. Joder! Y ahora, a darle la vuelta a la puta manzana. Llaves a mí!

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