Decidida a no prestarle atención, desenfoco la mirada. Pero igual su imagen borrosa se me enfrenta. Joder! Ahí viene, la bendita bola blanca con su halo de luz. Y así, bizca y todo, hace contacto conmigo. Lo que sigue es ya para mí, una historia conocida.
Se acerca, se acerca y sobre mi vientre se detiene. Cual tren, creyéndome túnel, me atraviesa hasta salir por mi espalda. En su recorrido interno, con ínfulas de reflector, apunta sobre mis verdades más escondidas, escudriñando la conciencia.
A su paso mis secretos se escurren por entre las rendijas, buscando guarecerse en mi lado más oscuro. Allá en donde se albergan y hacen fiesta monstruos infantiles ya canosos, miedos caducos, caretas en desuso y uno que otro pensamiento retorcido.
Luz instigadora que viene, me invade y se va.
De pie frente al espejo veo como por el hoyo que esta vez me quedó arribita del ombligo, se cuela la luz encandilándome la cara.
Ya lo rellenaré… hasta la próxima vez.
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