A veces vienen los demonios a invadir mi cordura. Se meten bajo las uñas y se despliegan por mis brazos. Bajo su efecto veo sombras y me asaltan mil temores, mi cuerpo pierde tamaño y siento que mi existencia queda nadando entre la ropa.
Como puedo me la quito de encima y desnuda corro en busca de refugio. Cuando la dosis es muy alta, - la mayoría de las veces – escucho gritos y quejidos.
Me encierro en la ducha mientras, bajo el agua, lucho por liberarme de su yugo
Cuando la invasión cede, salgo de mi escondite y al pasar frente al espejo mi cuerpo tiembla una vez más al darme cuenta que, mi reflejo, impávido, se rie!
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