jueves, 27 de octubre de 2011

Eterno

Miles de cosas por hacer, y yo aquí sentada, sin poder despegarme de encima esta sensación que defino una rareza entre tedio y existencial tristeza. La luz del sol reflejada en la ventana de enfrente, rebota directamente en mi cara, como manos largas queriendo abrir mis parpados de ente, y aun así nada. Yo no me muevo. Antes, -me encanta esto de tener edad y experiencia como para dividir mi vida en un antes y un después, entre inconsciencia y madurez, entre esperar algo y ya no esperar nada-, el peso de la responsabilidad, el compromiso con mantener lo que sea que pensaran de mí, constituía, casi perdida la batalla por reaccionar, mi  mecanismo de emergencia, mi as bajo la manga. Era maravilloso. Sumida en el tedio, mi sentimiento de culpa jamás fallaba y cual grúa, venia y a sacudones me espabilaba la inercia. Eso era antes. Superada la barrera, con los pies en el después, ya ni la culpa los moviliza, todo lo contrario, los afianza en su terca y parsimoniosa posición.
Tengo una cita a las 4, tengo una cita a las 4, a las 4!!! -me grito mentalmente- pero envuelta en mi madurez post, hago caso omiso y sigo aquí sentada. Son las 3 y aun me falta encontrar la salida de este estado mental, levantarme, bañarme, disfrazarme, coger el carro, manejar sin estrellarme y llegar a mi cita. A las 4. Y lo peor es que si quiero ir. No quiero ni imaginarme cual sería mi situación si además no quisiera. Pero si quiero. Y aun permanezco inmóvil.
Tic, tac, tic, tac….

Pasos de animal

Camina directamente hacia mi. Rítmicamente, sin prisa. Inmóvil, enfundada en mis botas, lo miro, lo analizo. Pensar que su sola idea me robó tantas noches, me arrancó tantos gritos, me aguó tantos momentos. Y ahora, en vivo, lo veo acercarse.
Imaginé que sería más fiero, que ante su presencia me temblaría el cuerpo, se me cuartearía la piel, pero no. Impávida siento como me mira.
Se le ve cansado, y yo ya no soy niña. Tal vez cuando finalmente lo tenga frente a mi, nos miremos con cariño y nos demos un abrazo. Tal vez me tome suavemente de la mano, cuando certeramente, porque así toca, me entierre la daga de lo inevitable.
Apoyo bien mis botas en el piso. Aquí, parada derechita, lo espero.

martes, 25 de octubre de 2011

Yo social

Aprende uno con los años, que a las personas hay que quererlas como son. Bueno, no a todas, limitémoslo a la familia y amigos. Cosa difícil de hacer, así se cierre el círculo, o será precisamente por eso? La cercanía, supongo, es la que empina el camino. Fácil dejar que quienes medio me rozan, sean como bien les venga en gana, pero y los de al lado? Joder, a esos sí que cuesta.
Mi yo sabio juvenil hace siglos concluyó que la amistad, en la mayoría de los casos, debe ser medio miope, y en casos extremos, hasta ciega. No hay de otra. Si no lo logramos, solo nos queda caminar estoicamente hacia la soledad duradera. Aunque pensándolo bien, esa sí que debe ser fácil. Sin apuestas, sin egos, sin expectativas, solos, arrastrando los pies, o no necesariamente, a lo mejor al final de nuestros días no arrastramos nada, sino que rodamos sobre un par de niqueladas y brillantes ruedas.
Así que, quererlos como son. Y cómo carajos son?, porque por lo menos a mi me pasa, que, empeñada en hacer marquitos y definiciones, cuando logro embutir a un ser querido entre unos límites bien puestos, zas! Justo ahí, le da por dejar salir lo más novedoso de su personalidad. Y dale, a borrar el esquema y comenzar de nuevo.
 Parece que he desperdiciado media vida tratando de definir a las personas, para una vez enmarcadas, poder quererlas. Cual coleccionista de muñecas, de esas que nunca se sacan de su original caja transparente. Repisa de amores y egos, amigos y familia, todos impecables con sus diminutos vestiditos, pelo tieso, mirada fija y sonrisa de terror. Los cuento, les quito el polvo, los reacomodo, y voy y me siento en mi sofá, desde donde los pueda ver,  y así, tranquila, sintiéndome rodeada y querida, abro mi libro y me pongo a leer.

Cumbres

Quisiera ser una montaña, dijo ella, mientras observaba con sorpresa como su interlocutora reía a carcajadas motivada por tal afirmación. Hace ya mucho tiempo de eso. Hoy en silencio, ella sigue deseando lo mismo.

Baja de la montaña y con los ojos desorbitados susurra: hacen cosquillas.
Pregunto: ¿quiénes?
Responde: .... pues los helechos!

Manos al piso
pies en lo alto
allá en la cima
-de cabeza-
ella respira
mientras ve...
el mundo
al revés.

lunes, 24 de octubre de 2011

Teresa trajo tizas hechas trizas

Se me traba la lengua
se me mezcla
el pasado,
el presente.

Se me traba la lengua
se me confunde la mente
viejos miedos
se toman de la mano
con los nuevos

La ternura y el tedio
estiran sus patas
para tocarse los dedos
en un punto medio

Se me traba la lengua
se me mezclan los sueños
el cuerpo levita
el corazón palpita

Mientras en el espejo
huye mi reflejo.

domingo, 23 de octubre de 2011

Floripondia 1

Florecitas de papel
brotan y se descuelgan por mi pelo
Florecitas de papel
mientras permanezco inmóvil
deseando florecer

De la mano

Disfrazado de muro de ladrillos
su alter ego la mira fijamente
sin juzgarla, tan solo la observa
mientras ella, reconociéndolo, le sonrie

viernes, 21 de octubre de 2011

Como las olas, como las olas

Mis mares, unas veces inmensos, otras estanques, me invitan a recorrerlos o se convierten en carceleros. Unas veces desde la orilla, otras mar adentro, soy espectadora del poder de las olas que todo traen, todo se llevan, con cautivante y a la vez angustiante ritmo implacable.

Pierdo y tomo aire revolcada en su inmenso torbellino, mientras veo como contra las piedras se hacen trizas mis más férreas convicciones, como castigo por tenerlas. Es tan abrumador, siento tan profundo miedo, que como mecanismo de defensa siempre me desmayo.

Salvo la última vez, cuando justo antes de ser atrapada nuevamente por mis olas, allí en el balcón, ahogada por el humo del vicio, me asomé al vacío dispuesta a dejarme llevar.  La ciudad se transformó en una masa de luces y su ruido en un canto arrullador, mientras yo, suspendida en el aire, hipnotizada pero consciente, por primera vez experimenté la sensación de no pensar nada.  Que paz!

Escupida nuevamente sobre la arena mantengo la certeza de haberle ganado tremenda batalla al miedo. Si pudiera besarme lo haría, para sentir el sabor de la suavidad que nace cuando se abandona una guerra.

No hay lugar a recoger los escombros de pasadas convicciones, ni a construir nuevas.


Jarrett vuelve a mi. Se lo llevó una ola y de improviso lo trajo otra. Me hace cosquillas en mi playa, por estos días pacífica. Sentada sobre mi cálida arena permito que libros disfrazados de barcos transporten mi mente a mundos lejanos, mientras Jarret y su  piano siguen acariciando suavemente mis pies. Paz! la anhelada y amada paz.

El arte de asomar la nariz

Me dijo un viejo mago por allí, que antes de jugar con las palabras, sería mejor jugar a describir imagenes. El lenguaje es solo el medio que une al lector con lo que quien escribe desea retratar. Un breve espacio contenido en cuartillas, mientras el fisgón observa, le vale, y se va.