lunes, 30 de abril de 2018

La cura

La historia, la suya, la que desde hace poco le ha dado por ver con tremenda emoción y ternura, solo puede dimensionarla ese yo más entrado en años, más maduro, sobre cuyas piernas hoy camina.

Hay una inmensa dulzura escondida en todas esas palabras que describieron paso a paso su recorrido por la tenebrosa senda del miedo. Más que un escape, fueron la única forma de supervivencia por ella conocida. De no haber tenido la destreza de poner en palabras sus largas noches y en extremo cortos días, se hubiera perdido para siempre en la locura, o pero aun, en una vida a medias, pálida, tibia, insegura.

No cabe duda, las batallas más feroces se dan piel adentro. Es la mente un verdugo sanguinario que vive encantado de aniquilar sin piedad cualquier escaramuza de libertad.

Valentía es haberse levantado por años cada día, para caminar por la vida, sin levantar sospecha, sin que se notara, que en la nuca le respiraba un yo crítico rancio y amargado, para el cual cada mínima cosa que hacía, no era más que un tiempo perdido, un soberano desperdicio.

Hoy, su yo mayor de cierta edad, de ciertas canas, sentado en su sillón,
que ya no es rojo, y que para los entendidos, ya no está solo,
devora páginas y páginas de escritos, mientras emotiva sonríe pensando
"vaya si ha sido dulce, no sabia que hubiera sido tan dulce"

Sin pucho, sin licor, sin drama, sin sofismas de distracción
desliza su mirada sobre las líneas paralelas de su nueva adquisición
representación gráfica de que esa etapa de su vida, la tórrida, cesó.

Venía a todos aquellos, aun vivos, o que ya fallecieron
que subidos en su simca, la acompañaron en su colorido safari por el miedo.



jueves, 26 de abril de 2018

Fuerte y Floré

Hay amores que de lo profundos, nacen a la vida, florecen, dan frutos, sin tomarse el tiempo de dejar constancia de su inmensa magnitud.

Tan generosos y reales, que las palabras, se quedan cortas para describirlos, al punto que el rastro gráfico y documental que dejan, cuando trascienden a otra dimensión, es muy limitado, casi inexistente.

Amores de esos tejidos con presencia, solidaridad oportuna, calidez constante, paso pausado pero firme, construidos en silencio, sin hablar de si mismos, abiertos, cotidianos, presentes.

Austeros en demostraciones banales, y al mismo tiempo ricos y amplios en coherencia, en dulzura, en hechos y miradas, más no en palabras.

Tuvo él la fortuna, esquiva para la mayoría, de disfrutar por largo tiempo, de un amor como esos. De los que por su inmenso tamaño y profundidad, al trascender una mitad, se llevan consigo, arrancan de cuajo, gran parte del alma del que se queda atrás.

Confundido por la invasiva y lapidaria ausencia, y frente a la titánica tarea de llenar sus ilimitadas horas libres,  unas veces con paciencia y esperanza, otras con desasosiego y necesidad, ha caminado él, una y otra vez la senda de ese amor, en busca de alguna huella, alguna evidencia.

Hace solo tres días, esa otra mitad, voluntariosa trascendió la línea invisible del más allá, dejando con delicadeza sobre sus manos como regalo, una foto con tres o cuatro líneas escritas en su reverso. Hermosas líneas, hermoso recuerdo, timing perfecto.

Evidencia clara, contundente, de que ese amor existe, respira, actúa, habla, sigue presente.

Hay amores que de lo profundos, nunca mueren, solo trascienden.