Lo importante no es pudieras hablar conmigo largamente sobre la
forma como pensabas, sino que ahora que no estoy, superados los segundos
iniciales que te aprietan el corazón al extrañar nuestras infinitas
conversaciones, des rienda suelta a tu imaginación, y las recrees en tu mente.
No lo sabes, pero más allá de contarme cosas cotidianas, lo que hacías
era convertir en palabras tu caminar por entre el laberinto de tu personalidad.
Avanzaste siempre bajo la falsa creencia de que yo ya conocía ese recorrido, y
por supuesto, la salida, cuando en realidad, yo solo seguía a ciegas el camino
que tu marcabas. Mi pequeña, en tu laberinto personal jamás fui yo tu guía,
solo tu amoroso escudero.
Tus disertaciones me deleitaban. Unas, otras francamente aburrían.
La impotencia de sentir como le dedicabas, horas, días, meses, a analizar el
mismo muro, el mismo obstáculo, una y otra vez, flagelándote por no poder
sobrepasarlo, se convertía en satisfacción al ser testigo de como en un abrir y
cerrar de ojos, habías avanzado kilómetros en el maravilloso recorrido de
conocerte a ti misma.
Tu laberinto personal, tan complejo y rico, me hizo emocionante el
acompañarte durante los largos años que me permitiste hacerlo. Un recorrido
fascinante y sufrido, debo decir.
Ahora que no estoy, debes enfrentar el miedo de continuar tu
camino de autoconocimiento sola, sin esa última muleta en la que me habías
convertido. Fui testigo de cómo te deshiciste de muchas. Tenías tantas, que
antes de ayudarte, entorpecían tu andar. Pero lentamente, como lo haces todo en tu vida, fuiste deshaciéndote de todas, salvo de la creencia de que yo
te conocía mas que tu a ti misma.
Hoy no puedo darte mi amor, pero puedes conservar el recuerdo de
haberlo tenido y caminar con confianza en tu inigualable laberinto de vida, con
el coraje que debes sacar exclusivamente de tu amor por ti misma.
Recuerda que nacemos y morimos solos. Rodeados, sí. Pero solos.
Por eso es vital que sigas avanzando en tu camino de conocimiento. Solo así
tendrás la paz necesaria para enfrentarte a tu muerte.
Conocerte. Esa es la única forma de encontrar la salida, mientras
disfrutas del recorrido. Siempre hay que disfrutar del recorrido!
Del otro lado, te estará esperando, sólo aquello en lo que decidas
creer. Yo por ahora recorro valles
hermosos, con atardeceres de fuego, descalza, libre, mientras mis manos se
deleitan tocando miles de texturas. En mi cielo, he vuelto a ser niña, y ya no
soy sola.
Escoge el tuyo, créalo con tu corazón, y si decides reencarnar en
montaña, como tanto repetías, cuando llegue el momento, será un placer recorrer
tus prados y sentarme en tus acantilados a observar el universo.