La boca me sabe a mora
se hace agua
que al segundo se evapora.
la boca me sabe,
me urge a mora.
martes, 27 de noviembre de 2012
Un espejo en un armario
Su espejo se marchó. En realidad se lo raparon - como tantas otras cosas, pensaría ella-, para venir a descubrir, un poco a tumbos y medio tuerta, que más allá del frio vidrio en el que se miraba al revés, jamás fue media, siempre fue completa.
Origen
Tengo una pared en blanco en mi habitación
que desde hace días me pide, me suplica
que escriba sobre ella
desde minucias a lápiz
hasta máximas a brocha peluda
...
mientras me limito a mirar su blancura.
que desde hace días me pide, me suplica
que escriba sobre ella
desde minucias a lápiz
hasta máximas a brocha peluda
...
mientras me limito a mirar su blancura.
Yo defino
Frustante, no tener la habilidad de discernir
con mas razón y menos emoción.
Impertinente, el miedo que tras ser reconocido, abrazado, asimilado,
se espabila para presentarse disfrazado de novedad.
Agobiante, el crujir del cuerpo y la operación tortuga que genera en su actuar.
Inquietante, observar como mi felina se lame y relame sus patas, paciente.
Limitante, escribir estas palabras pensando en que usted las estará leyendo.
¿duele el duelo?
-No me cabe más tristeza en el cuerpo-, piensa ella mientras extiende sus piernas en
la silla de reclinar. Hundida en ese pensamiento repasa mentalmente los mil y
un discursos que le tiene preparados, esos que jamás dirá, porque a la larga es consciente que él jamás los entenderá, fruto de su necesidad de repetir a viva voz
los fundamentos de sus decisiones, para ver si finalmente ella misma los cree.
Sonríe irradiando racionalidad mientras su
loca mente, allí en el trasfondo ya esta maquinando ideas para acordar un
último encuentro, una última charla, un último discurso, una última pelea, no
importa, lo que vale es que tenga el racional mote de “último”, como para no
sentirse peor de lo que ya se siente consigo misma. Mal chiste.
Como le duele a su ego reconocer que pese a su férrea
determinación de pensamiento, sus actos han sido un derroche de dramatismo del
más vulgar. Sabe por dónde está la salida, pero terca como es, se empeña en
seguir estrellándose sin parar cual mosca contra ventana. Es increíble el poder del miedo……puta, que
susto tener tanto miedo. ¿A qué? ¿Por qué tanto miedo?
Como respuesta se abre paso por entre su pecho su yo más
desvalido para anunciar con voz casi inaudible: -Ojala supiera- mientras desde lo alto su yo felino observa la escena con desdén, batiendo suave y
lentamente su cola. Lo cierto es que después de semejante show tan espectacular
que orquestó, consciente, inconscientemente, impresiona que ella sigue sin
untarse ni un solo dedo.
Es un hecho: jamás se ha comprometido realmente con nada ni con nadie, sigue siendo muy ella, tan dolida, tan digna con sus largas piernas sobre la silla de
reclinar, lánguida, parsimoniosa, lenta…desesperante, en un duelo a muerte entre ella y su interés
de todo controlar, y la innegable verdad de que jamás podrá hacerlo.
Misiva del futuro
Te veo allí, sentada en el comedor de tu pequeño nido, plena y a la vez ansiosa, como quien acabando de terminar una larga y tediosa tarea, siente alivio, y al mismo tiempo un vacío. La bendita costumbre que doblega cualquier ímpetu.
Recostada en la sabiduría confortable de mis años, no puedo dejar de verte con un tinte de ternura. Tu, allí, con tu cara de que todo lo controlas, presa del pánico sosteniendo del pescuezo al monstruo de tus miedos, mientras aprietas el estomago para que tus tripas no te delaten.
Eres valiente, no cabe la menor duda, pero seria tan fácil si vieras que el dichoso monstruo, si bien es grande, es de peluche, y que contrario a lo que piensas, la incertidumbre es y seguirá siendo nuestro mejor aliado, mucho más cuando los años realmente maduros comiencen a venirse encima, dejando poco espacio para la aventura y los planes a largo plazo.
Pero no puedo pedirte que entiendas esto allí sentada, con la sensación - que hoy envidio un poco- de que todo te puede pasar. Nuestra sabiduría se ira consolidando paso a paso, lenta y parsimoniosamente por supuesto. Igual te susurro desde el futuro, esperando que mis palabras se cuelen entre los años y alcanzandote, te abracen y reconforten: puedes, claro que puedes!
Desde que ciudad te escribo, rodeada de quien o quienes, bajo que circunstancias? Lo siento, pero no te lo voy a decir. Hacerlo seria robarte la emoción del no saber.
Solo un detalle te anticipo: Vas a adorar nuestras canas.
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