Cada mañana al despertar, mi personaje interno camina hacia el límite de mi conciencia, y se queda algunos minutos contemplando la inmensidad de mis diferentes océanos, los hay cristalinos y cálidos, los hay oscuros y profundos, los hay divertidos, llenos de hermosas y diferentes criaturas. Tengo varios.
Aun con pedazos de fantasía que le quedaron de los sueños, pegados en su cuerpo, respira profundamente varias veces seguidas mientras tararea fragmentos de mantras y canciones -costumbre que conserva gracias a su amiga icono de pollo- se para sobre el trampolín bajo el cual giran mis océanos, y con el corazón lleno de Fe y entrega, se prepara.
Atrás quedaron los días en los que despertar a la realidad era un suplicio. Hoy, habiendo aprendido el truco de cambiar de perspectiva, sabe, ha podido comprobarlo, que la intención es lo que cuenta.
Toma aire una vez más, lo suelta y con la mano en el corazón, salta. Mientras va en caída libre, acomoda su postura para entrar en el agua y sonríe. Por estos días, su intensión, la nuestra, es divertirse. Siendo así, que más da caer en el océano calmo o el infestado de monstruos y tiburones?
Cada nuevo día, un nuevo salto, un nuevo océano. Un constante acto de libertad y Fe.