Invoco a mis miedos mas angustiosos, a
esos que aun se solapan tras mi mobiliario, a que salgan de sus escondites y me
den la cara. Hace años me hubieran provocado pavor, angustia, pero ya no, pues
reconozco que son tan míos como mi locura, mi verbo y mi alegría. Si asomaran
sus monstruosas cabezas, recibirían un cálido mimo de mi parte.
Entiéndalo de
una buena vez, no nos queda otra que ser amigos!